Datos del Estudio General de Medios (EGM), correspondientes al periodo desde octubre de 2012 a mayo de 2013, reflejan que la media de consumo de televisión en España alcanza los 246 minutos por persona y día. No es este el lugar para opinar sobre si es o no un tiempo excesivo, pero sí para reflexionar acerca de la influencia que los horarios de los programas de máxima audiencia pueden ejercer sobre nuestra vida, en nuestros hábitos cotidianos relacionados con el necesario descanso y la vida familiar.
Como cada mes de septiembre las principales cadenas generalistas, La 1, Antena 3, Tele 5, etc. han presentado a bombo y platillo sus nuevos programas y lamentablemente se mantienen una temporada más unos horarios descabellados en la franja nocturna que concita más atención entre los televidentes.
Lo cierto es que en lo relativo a horarios del prime time televisivo llueve sobre mojado. El conocido dicho Spain is different alcanza en nuestros horarios, laborales e incluso lúdicos, cotas de irracionalidad que nos separan más que unirnos con los países de nuestro entorno europeo (no hay más que ver cómo se programan partidos de la Liga de fútbol a las 23 horas). Así, salvo en La 2, cuyo principal programa nocturno comienza a las 22 horas, es imposible encontrar en las principales cadenas un programa estelar que se inicie antes de las 22:30 horas, con lo cual la finalización de los mismos excede en muchas ocasiones de la medianoche. Si a ello añadimos factores como la excesiva publicidad, la contraprogramación y decisiones como la de retrasar el inicio de ciertos programas hasta que finaliza una retransmisión deportiva en otra cadena, el panorama es desolador para nuestras horas de sueño.
Mientras que la correcta gestión del tiempo no sea algo que se enseñe a los niños desde pequeños, difícilmente podremos dejar de ser una singularidad en Europa en lo relativo a horarios. Como ciudadanos debemos exigir a nuestros representantes y a todas las fuerzas sociales una acción decidida y continuada para su progresiva adaptación y racionalización. Sin ésta difícilmente podremos alcanzar una efectiva conciliación, igualdad y corresponsabilidad. O lo que es lo mismo, ser más felices.
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