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lunes, 9 de diciembre de 2013
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REVELAN LA RECETA PARA VIVIR HASTA LOS 150 AÑOS
Las personas que quieran vivir hasta 150 años deberían recurrir a la
teoría de selectividad socioemocional, además de seguir una serie de
reglas que pueden ayudar prolongar la vida, afirma un biogerontólogo
ruso.
domingo, 10 de noviembre de 2013
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UNA BUENA DIETA PUEDE AYUDARTE A VIVIR MÁS MUCHO MÁS
Tu principal motivo para realizarla podría ser de bajar de peso y mejorar tu apariencia, pero esta dieta, además de ayudarte con tu objetivo, te hace vivir más años.
domingo, 6 de octubre de 2013
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viernes, 6 de septiembre de 2013
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¿SERÍAS CAPAZ DE VIVIR UN AÑO ENTERO CON LA TECNOLOGÍA DE 1986?
Blair McMillan y su novia, Morgan, de 27 años ambos, son una pareja de canadienses que están jugando a como si estuvieran en el año 1986. Y lo están haciendo porque sus hijos no levantan la vista de los iPhones y iPads de sus padres el tiempo suficiente para ir a darle patadas a una pelota en el patio. Es por eso que en su casa han prohibido cualquier tecnología posterior a 1986, año en que la pareja nació, para enseñar a sus pequeños cómo se vivía entonces.
Desde abril, los McMillans viven en el Pleistoceno digital de las cintas de casette y los pelos cardados; pero todo comenzó el año pasado, cuando Blair, el cabeza familiar, le pidió a su hijo de cinco años de edad que si quería ir a jugar con él en el jardín, sólo para darse cuenta de que, incluso en un día de verano perfecto, el niño prefirió quedarse en casa y darle a los videojuegos en un iPad.
Empezó a pensar en su propia niñez y cómo los jóvenes de hoy en día se han vuelto tan dependientes de la tecnología moderna, de ordenadores, teléfonos móviles e Internet. Y se le encendió la bombilla (incandescente): ¿Y si pudiera volver atrás en el tiempo y ofrecer a sus hijos una idea de cómo era la vida en ese entonces?
Ahora la familia no tiene Internet o canales de noticias de 24 horas en su casa. En cambio, tienen una tele de 1980 encerrada en un mueble de madera y un radio cassette boombox portátil donde ponen cintas. Han dicho adiós a sus teléfonos móviles, mandan las cartas por correo en lugar de enviar mails electrónicos; y llaman a las puertas de la gente en lugar de seguirlos en Facebook. También captan sus recuerdos en papel fotográfico, dejan notas escritas a mano y los anuncios los pegan en un espacio público. Incluso los mapas de papel han sustituido a su sistema de navegación GPS cuando salen de casa.
Renunciar a todos estos aparatos que hacían su vida tan cómoda no fue fácil. Pero al mismo tiempo la experiencia ha llevado a la familia a sentirse más cercana y les ha dado la oportunidad de hablar más unos con otros. Y ahora jugar al aire libre es la configuración predeterminada para cualquier divertimento con los niños.
El esfuerzo, sin embargo, no ha estado exento de cierta tensión en las relaciones sociales. Blair y su novia son mucho más difíciles de contactar, y alguno de sus conocidos se han molestado. Y otros no van a visitarles a casa porque no están dispuestos a renunciar a sus dispositivos móviles, que tienen que dejar en una cajita cerrada colgada de la puerta hasta que vuelvan a salir por ella.
Para hacer la experiencia aún más realista, Blair ha comenzado a vestirse como si fuera 1986 y ahora luce un look campeón con una divertida combinación de mullet y bigote; y a los niños también les han dejado mullet, lo que hace que los vecinos les paren por la calle para preguntarle por su experimento: “Ellos piensan que lo que estamos haciendo es realmente cool” relata en esta crónica sobre la historia del Guelph Mercury.
La familia McMillan planea seguir viviendo en su burbuja de 1986 hasta abril de 2014. Además, hasta ahora han ahorrado dinero, ya que no hay facturas de telefonía, televisión o internet que pagar. Pero dicen que el invierno en Canadá va a constituir el mayor desafío de todo este experimento social, que quieren convertir en un documental sobre la desconexión de la tecnología para volver a conectar con la familia; y actualmente está buscando un director de cine para hacerse cargo del proyecto y un escritor para relatar sus experiencias.
Desde abril, los McMillans viven en el Pleistoceno digital de las cintas de casette y los pelos cardados; pero todo comenzó el año pasado, cuando Blair, el cabeza familiar, le pidió a su hijo de cinco años de edad que si quería ir a jugar con él en el jardín, sólo para darse cuenta de que, incluso en un día de verano perfecto, el niño prefirió quedarse en casa y darle a los videojuegos en un iPad.
Empezó a pensar en su propia niñez y cómo los jóvenes de hoy en día se han vuelto tan dependientes de la tecnología moderna, de ordenadores, teléfonos móviles e Internet. Y se le encendió la bombilla (incandescente): ¿Y si pudiera volver atrás en el tiempo y ofrecer a sus hijos una idea de cómo era la vida en ese entonces?
Ahora la familia no tiene Internet o canales de noticias de 24 horas en su casa. En cambio, tienen una tele de 1980 encerrada en un mueble de madera y un radio cassette boombox portátil donde ponen cintas. Han dicho adiós a sus teléfonos móviles, mandan las cartas por correo en lugar de enviar mails electrónicos; y llaman a las puertas de la gente en lugar de seguirlos en Facebook. También captan sus recuerdos en papel fotográfico, dejan notas escritas a mano y los anuncios los pegan en un espacio público. Incluso los mapas de papel han sustituido a su sistema de navegación GPS cuando salen de casa.
Renunciar a todos estos aparatos que hacían su vida tan cómoda no fue fácil. Pero al mismo tiempo la experiencia ha llevado a la familia a sentirse más cercana y les ha dado la oportunidad de hablar más unos con otros. Y ahora jugar al aire libre es la configuración predeterminada para cualquier divertimento con los niños.
El esfuerzo, sin embargo, no ha estado exento de cierta tensión en las relaciones sociales. Blair y su novia son mucho más difíciles de contactar, y alguno de sus conocidos se han molestado. Y otros no van a visitarles a casa porque no están dispuestos a renunciar a sus dispositivos móviles, que tienen que dejar en una cajita cerrada colgada de la puerta hasta que vuelvan a salir por ella.
Para hacer la experiencia aún más realista, Blair ha comenzado a vestirse como si fuera 1986 y ahora luce un look campeón con una divertida combinación de mullet y bigote; y a los niños también les han dejado mullet, lo que hace que los vecinos les paren por la calle para preguntarle por su experimento: “Ellos piensan que lo que estamos haciendo es realmente cool” relata en esta crónica sobre la historia del Guelph Mercury.
La familia McMillan planea seguir viviendo en su burbuja de 1986 hasta abril de 2014. Además, hasta ahora han ahorrado dinero, ya que no hay facturas de telefonía, televisión o internet que pagar. Pero dicen que el invierno en Canadá va a constituir el mayor desafío de todo este experimento social, que quieren convertir en un documental sobre la desconexión de la tecnología para volver a conectar con la familia; y actualmente está buscando un director de cine para hacerse cargo del proyecto y un escritor para relatar sus experiencias.
sábado, 27 de julio de 2013
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SI ESTAS GORDO, NO PUEDES VIVIR EN NUEVA ZELANDA.
La autoridades neozelandesas han rechazado por exceso de peso la renovación del visado de trabajo de un varón de nacionalidad sudafricana que lleva residiendo seis años en este país, publican hoy los medios locales.
La Oficina de Inmigración en Nueva Zelanda informó de que Albert Buitenhuis, cuyo peso actual es 130 kilos, ya no "tiene un nivel aceptable de salud" y que su obesidad supone un riesgo para los servicios sociales.
Albert, de 50 años y su esposa, Marthie, de 47, declararon a los medios que cuando llegaron por primera vez en 2007 a la ciudad de Christchurch, el peso del varón era de 160 kilogramos y que durante las pasadas renovaciones de visado las autoridades no pusieron ningún inconveniente.
"Hemos renovado los papeles cada año y nunca hubo problemas. Nunca mencionaron el peso de Albert o su salud (...) Es irónico que ahora pese menos que cuando llegamos por primera vez y tras su primer examen médico, que fue aprobado por las autoridades de inmigración", declaró Marthie al diario local "The Press".
El pasado 1 de mayo, las autoridades locales denegaron la renovación y forzaron a la pareja a abandonar sus puestos de trabajo en un restaurante de manera inmediata.
Desde entonces ambos se han refugiado en casa de la hermana de la mujer, en la ciudad de Auckland, mientras luchan para permanecer en el país y evitar la deportación.
Un portavoz de la Oficina de Inmigración declaró al diario neozelandés que el peso de Albert supone un "riesgo significativo" de sufrir diabetes, hipertensión, enfermedades cardíacas o cáncer.
"Es importante que todos los inmigrantes tengan un nivel de salud aceptable para minimizar los costos y mantener los servicios de salud en Nueva Zelanda", apuntó el portavoz.
¿QUE CREES? ¿TIENEN RAZÓN EN HACER ESTO?
La Oficina de Inmigración en Nueva Zelanda informó de que Albert Buitenhuis, cuyo peso actual es 130 kilos, ya no "tiene un nivel aceptable de salud" y que su obesidad supone un riesgo para los servicios sociales.
Albert, de 50 años y su esposa, Marthie, de 47, declararon a los medios que cuando llegaron por primera vez en 2007 a la ciudad de Christchurch, el peso del varón era de 160 kilogramos y que durante las pasadas renovaciones de visado las autoridades no pusieron ningún inconveniente.
"Hemos renovado los papeles cada año y nunca hubo problemas. Nunca mencionaron el peso de Albert o su salud (...) Es irónico que ahora pese menos que cuando llegamos por primera vez y tras su primer examen médico, que fue aprobado por las autoridades de inmigración", declaró Marthie al diario local "The Press".
El pasado 1 de mayo, las autoridades locales denegaron la renovación y forzaron a la pareja a abandonar sus puestos de trabajo en un restaurante de manera inmediata.
Desde entonces ambos se han refugiado en casa de la hermana de la mujer, en la ciudad de Auckland, mientras luchan para permanecer en el país y evitar la deportación.
Un portavoz de la Oficina de Inmigración declaró al diario neozelandés que el peso de Albert supone un "riesgo significativo" de sufrir diabetes, hipertensión, enfermedades cardíacas o cáncer.
"Es importante que todos los inmigrantes tengan un nivel de salud aceptable para minimizar los costos y mantener los servicios de salud en Nueva Zelanda", apuntó el portavoz.
¿QUE CREES? ¿TIENEN RAZÓN EN HACER ESTO?
COMER SANO, ES CLAVE PARA VIVIR SIN ESTRÉS.
Cuando la rutina y el estrés agobian, lo último en lo que se piensa es en comer bien. El ritmo de vida hace que muchas veces olvidemos tomar desayuno, almorcemos comida poco saludable en la calle o, incluso, abusemos del consumo de bebidas estimulantes. Todo esto es un error, pues el alimento es nuestro combustible diario, y comer de forma saludable previene o ayuda a disminuir la sensación de agotamiento en los momentos difíciles.
En ese sentido, un dato -que pocos conocen- es que para estar saludable se debe consumir cinco colores distintos de frutas y verduras al día. Este principio, conocido como la “dieta de los colores”, sostiene que cada tono o pigmento natural de las frutas, verduras y legumbres que componen un régimen alimenticio, otorga diferentes vitaminas y minerales al cuerpo, lo que contribuye a mantenerse vital durante la jornada.
Por otra parte, cuando el desgaste energético es inevitable y se hace evidente, hay maneras de contrarrestar sus efectos con algunos alimentos. Por ejemplo, si lo que se busca es superar la sensación de cansancio, hay que asegurarse de tener a mano frutos secos, como nueces y almendras, ya que estos aportan energía; o un plátano, que por su alto contenido de potasio y de hidratos de carbono es un aliado infalible contra la ansiedad.
Asimismo, algunas investigaciones señalan que la vitamina C genera un efecto liberador del estrés.
Además, para mitigar el estrés, se sugiere reemplazar el café por infusiones relajantes, como la manzanilla. Tu cuerpo te lo agradecerá.
En ese sentido, un dato -que pocos conocen- es que para estar saludable se debe consumir cinco colores distintos de frutas y verduras al día. Este principio, conocido como la “dieta de los colores”, sostiene que cada tono o pigmento natural de las frutas, verduras y legumbres que componen un régimen alimenticio, otorga diferentes vitaminas y minerales al cuerpo, lo que contribuye a mantenerse vital durante la jornada.
Por otra parte, cuando el desgaste energético es inevitable y se hace evidente, hay maneras de contrarrestar sus efectos con algunos alimentos. Por ejemplo, si lo que se busca es superar la sensación de cansancio, hay que asegurarse de tener a mano frutos secos, como nueces y almendras, ya que estos aportan energía; o un plátano, que por su alto contenido de potasio y de hidratos de carbono es un aliado infalible contra la ansiedad.
Asimismo, algunas investigaciones señalan que la vitamina C genera un efecto liberador del estrés.
Además, para mitigar el estrés, se sugiere reemplazar el café por infusiones relajantes, como la manzanilla. Tu cuerpo te lo agradecerá.
Zapatero (expresidente del gobierno) haciendo ejercicio, de una manera un poco ortodoxa.
¿COMO LO VEIS? ¿EMPEZAMOS MAÑANA?
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