En ese momento se concluyó que esto sólo ocurría en hombres que no estaban seguros de que sus propios hijos realmente fueran suyos, es decir, en los que tenían una certeza de 25% o menor. Su reacción, entonces, es volver sus atenciones a sus sobrinos como una forma de conservar su propia información genética.
Ahora, se comprobó que esta actitud de todas formas se presenta aunque los hombres tengan la seguridad de la paternidad de sus hijos. Se encontró que, en promedio, los hombres tienen una certeza de un 70% de que los hijos de sus esposas son realmente suyos.
Esto significa que es un comportamiento que va más allá de la monogamia o la infidelidad. Es un rasgo ancestral que sigue influyendo hasta nuestros días. Rogers sigue recopilando información para tratar de explicarlo.
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