Lea con detenimiento este resumen apresurado de la historia de la España
posfranquista: la muerte del dictador aflojó el yugo que oprimía a las
culturas autóctonas regionales que, vertiginosamente, se convirtieron en
correosos nacionalismos, olvidando el autonomismo liberador de la
Transición y estigmatizando y crucificando el 'españolismo'. Los
autonomismos-nacionalistas o los nacionalismos-autonomistas, según se
mire, crecieron, se hicieron fuertes en ‘su’ historia, ‘su’ geografía,
‘su’ inmersión lingüística… En esta historia, los defensores de la
unidad de España pasaron a ser considerados ‘fascistas’ por los nativos
nacionalistas -fundamentalmente catalanes y vascos, en menor medida
gallegos-, marcando una línea difícil de traspasar entre unos y otros
españoles. Y estos enarbolaron, victoriosos, la bandera del derecho a
decidir un futuro del que excluyen al resto de los ciudadanos. Colorín
colorado, este cuento (real como la vida misma) se ha acabado.
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lunes, 23 de diciembre de 2013
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